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Un nuevo aporte a la descomposición deportiva de nuestro fútbol

 

Una situación vergonzosa se vivió anoche en el Parque Central, que tuvo 2 de sus principales protagonistas en el escenario. Un club de fútbol y los jueces.

Un partido sin ninguna característica especial, con un Danubio dominante en el primer tiempo, se comienza a desfigurar por medio de las reiteradas faltas descalificadoras, (pisar el tobillo de quien tiene el balón), por parte de los bolsos, que no se sancionaron con justicia plena y un tiro libre que a la postre termina en un golazo de los de la franja. El problema es que se demoró más de 3 minutos para que el juez habilitara la ejecución, después de un sinfín de protestas y “recursos” en el área por parte de la defensa que el juez aparentaba querer evitar que pasara a mayores.

Pasa a ganar Danubio que en la parte futbolística superaba claramente al rival.

Restan pocos minutos para el final del primer tiempo y Santiago Romero se cruza con un jugador de Danubio y cae dolorido, o al menos es lo que demuestra.

Los jugadores de la franja avisan del caído rival y el árbitro detiene el partido para que lo atiendan.

Romero se molesta. Enojos, reproches, discusiones. Y el juez Daniel Fedorczuk,  determinó suelta neutral.

El juez tomó la pelota. Agustín Peña se paró de costado esperando que Kevin Ramírez devolviera la pelota que, antes de que se paralizara el juego, estaba en poder de Danubio.

Pero, Ramírez salió corriendo al arco de la franja y lo cruzaron al borde del área.

Fue como romper un código no escrito pero sagrado entre los jugadores. Y los de la franja explotaron. En el banco el técnico Pablo Rodríguez descargaba su bronca contra el cuarto árbitro.

Y la polémica se instaló en el Parque y en cada punto de la ciudad.

¿Qué pasaba si la acción de Ramírez terminaba en gol? ¿Y si le cometían penal, cómo arreglaban el asunto?

Enseguida se armó un remolino sobre el juez Fedorczuk que perdió el control del espectáculo.
Kevin Ramírez se fue a su banco de suplentes porque los jugadores de Danubio le decían de todo. Su acción generó las expulsiones de Agustín Peña y Gonzalo Porras y un peligroso tiro libre para Nacional. ¿Se imaginan lo que podía suceder si la acción terminaba en gol?

En eso el capitán de los tricolores, Esteban Conde (el mejor de Nacional, en lo deportivo como en lo personal dentro de la cancha) , se arrimó a Kevin Ramírez y le habló claramente. Ramírez fue a ejecutar y tiró la pelota a un lado. Su actitud generó la polémica de la noche. En las radios, en los grupos de redes sociales y en la calle quedó instalado el tema.

Su acción, además de poner en el tapete el tema del fair play, determinó la expulsión de uno de sus compañeros, además de complicarle el partido a un árbitro que no trasmitió tranquilidad.

Después Danubio no lo supo ganar. Le entregó el mediocampo a Nacional, que protestaba cada jugada y metía faltas reiteradas, no sancionadas con el rigor requerido.

En ningún momento Danubio utilizó las mismas estrategias de marcar al borde de la tarjeta como el rival, o de generar juego ofensivo claro que Nacional solo podía cortar con falta.

Los ataques del bolso fueron solamente usados con un par de débiles contragolpes por parte de los de la curva, y así llegó el empate y más tarde el segundo gol, mediante una desatención tremenda de la defensa de Danubio.

Nacional lo ganó con “recursos” y aprovechándose del “aprete” de los jueces y Danubio lo perdió como lo que hacía tiempo no demostraba ser, un cuadro chico. 

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